Artrosis de rodilla: cómo retrasar (o evitar) la prótesis

Llegar a los 55 con dolor de rodilla al bajar escaleras, rigidez por la mañana o ese chasquido que ya no se va se ha convertido en una visita habitual en consulta. La artrosis de rodilla es una de las causas más frecuentes de dolor crónico en España, y aunque la prótesis funciona muy bien cuando hace falta, no siempre es el primer paso. En muchos casos podemos ganar años de calidad de vida antes de plantearla.

Este artículo explica cómo abordamos en Clínica Ansar el tratamiento conservador, en qué orden aplicamos cada técnica y qué dice la evidencia. El objetivo no es prometer milagros, sino dar una hoja de ruta clara antes de pasar por quirófano.

Qué es la artrosis de rodilla y por qué duele

La artrosis es el desgaste progresivo del cartílago articular. Cuando ese cartílago se adelgaza, el hueso queda más expuesto, el líquido sinovial pierde calidad y aparecen pequeños cambios inflamatorios. El resultado es dolor mecánico, rigidez tras estar parado y a veces sensación de bloqueo o inestabilidad.

No todas las rodillas con artrosis duelen igual. Hay pacientes con radiografías muy alteradas y poco dolor, y otros con cambios moderados que apenas pueden caminar. Por eso no nos guiamos solo por la imagen, sino por cómo está la rodilla en conjunto: musculatura, alineación, peso corporal, articulaciones vecinas y nivel de actividad.

La pirámide terapéutica de Clínica Ansar

Cuando un paciente nuevo llega a la unidad de medicina del dolor con artrosis de rodilla, seguimos una pirámide muy clara. La base es lo más sencillo y barato, y arriba están las opciones que reservamos para cuando lo anterior ya no responde.

  1. Ejercicio terapéutico y control del peso.
  2. Ácido hialurónico intraarticular ecoguiado.
  3. Plasma rico en plaquetas (PRP).
  4. Infiltraciones ecoguiadas para el dolor.
  5. Terapias coadyuvantes como Magnetolith.
  6. Valoración de prótesis solo si todo lo anterior se ha agotado y la limitación es seria.

La idea es subir de escalón solo cuando hace falta, no antes. Y bajar también: si una infiltración nos da seis meses de tregua, ese tiempo lo aprovechamos para reforzar el ejercicio, no para olvidarnos del problema.

Ejercicio terapéutico y control del peso

Si tuviéramos que elegir un único tratamiento para la artrosis de rodilla, sería el ejercicio. Lo decimos sin exagerar. Un programa progresivo de fuerza para cuádriceps, glúteo medio e isquiotibiales, combinado con movilidad y trabajo aeróbico de bajo impacto, ha demostrado reducir el dolor y mejorar la función en grados similares a otras opciones más intervencionistas, y con mucho menos riesgo.

El problema es que «hacer ejercicio» no es lo mismo que «hacer el ejercicio correcto». Caminar mucho con una rodilla mal alineada y un cuádriceps débil puede empeorar el cuadro. Por eso planificamos las sesiones con el fisioterapeuta de la unidad, ajustamos cargas y revisamos progresión cada pocas semanas.

El peso pesa, y mucho. La rodilla soporta, en una marcha normal, entre tres y cinco veces el peso corporal en cada paso. Bajar cinco kilos es quitarle entre quince y veinticinco kilos de carga repetida a cada zancada. La pérdida de peso moderada, combinada con ejercicio, reduce el dolor y mejora la función a medio plazo. No hablamos de dietas extremas, sino de un plan sostenible que permita perder grasa sin perder masa muscular.

Ácido hialurónico intraarticular ecoguiado

Cuando el ejercicio y el peso ya están encaminados pero el dolor sigue limitando, valoramos la viscosuplementación con ácido hialurónico intraarticular. Es un componente natural del líquido sinovial: al infiltrarlo en la articulación buscamos mejorar la lubricación, reducir la fricción y modular la inflamación local.

Lo hacemos siempre bajo control ecográfico. La diferencia entre una infiltración «a ciegas» y una ecoguiada es importante: con ecografía nos aseguramos de que el producto entra realmente dentro de la articulación, no en partes blandas alrededor.

El efecto suele aparecer a las pocas semanas y puede durar entre seis y doce meses según el paciente. No regenera cartílago, pero compra tiempo, alivia y permite seguir activos.

PRP e infiltraciones ecoguiadas

El plasma rico en plaquetas consiste en extraer una pequeña muestra de sangre del propio paciente, concentrarla en centrifugadora y reinyectar el plasma cargado de factores de crecimiento dentro de la rodilla. No buscamos rellenar la articulación, sino modular el ambiente biológico: menos inflamación, mejor entorno para el cartílago que aún queda. Lo solemos plantear en artrosis leve o moderada, cuando el ácido hialurónico ya no rinde o el paciente prefiere una opción biológica antes de pasar a corticoide. Habitualmente son dos o tres sesiones separadas por semanas.

Cuando hay un brote inflamatorio importante o el paciente necesita aliviarse para poder hacer rehabilitación, recurrimos a infiltraciones ecoguiadas con corticoide u otras dianas. No son la solución de fondo, pero son útiles para romper el círculo dolor-inmovilidad-más dolor. Las usamos con criterio: repetirlas cada pocas semanas no tiene sentido y puede dañar el cartílago.

¿Cuándo sí toca prótesis?

La prótesis de rodilla es una cirugía muy buena cuando está bien indicada. La planteamos si el dolor limita la vida diaria de forma seria, la radiografía muestra un desgaste muy avanzado, las opciones conservadoras razonables se han agotado y el paciente entiende el proceso de recuperación. No es una opción peor ni mejor: es la adecuada en su momento. Si llega ese punto, lo coordinamos con el cirujano de referencia y acompañamos al paciente.

Cómo lo tratamos en Clínica Ansar

Una rodilla casi nunca duele sola. Una cadera con poca movilidad obliga a la rodilla a compensar, un tobillo rígido cambia el apoyo, una pisada alterada modifica el eje de carga. Por eso en la valoración inicial revisamos la cadena cadera-rodilla-tobillo y si hace falta tratamos también esos eslabones.

A partir de la historia clínica, exploración y revisión de imagen, diseñamos un plan individualizado: ejercicio terapéutico progresivo, ácido hialurónico ecoguiado, PRP, infiltraciones ecoguiadas, Magnetolith en casos seleccionados y trabajo de control del peso. Reevaluamos a los pocos meses para ajustar, no funcionamos a base de tratamientos sueltos.

Evidencia científica

  1. Skou ST, et al. A Randomized, Controlled Trial of Total Knee Replacement. N Engl J Med. 2015. PMID: 26488691. Compara prótesis frente a tratamiento conservador no quirúrgico (ejercicio, educación, dieta) en artrosis avanzada de rodilla. La cirugía aporta más mejoría, pero el grupo conservador también mejora de forma clínicamente relevante.
  2. Bannuru RR, et al. Comparative effectiveness of pharmacologic interventions for knee osteoarthritis: a systematic review and network meta-analysis. Ann Intern Med. 2015. PMID: 25581186. Meta-análisis que sitúa al ácido hialurónico intraarticular entre las opciones con mejor balance eficacia-seguridad para el dolor de rodilla.
  3. Belk JW, et al. Platelet-Rich Plasma Versus Hyaluronic Acid for Knee Osteoarthritis: A Systematic Review and Meta-analysis of Randomized Controlled Trials. Am J Sports Med. 2021. PMID: 32302211. Meta-análisis que muestra superioridad del PRP frente a ácido hialurónico en mejoría funcional a medio plazo en artrosis de rodilla.
  4. Messier SP, et al. Effects of intensive diet and exercise on knee joint loads, inflammation, and clinical outcomes among overweight and obese adults with knee osteoarthritis: the IDEA randomized clinical trial. JAMA. 2013. PMID: 24065013. Demuestra que la combinación de pérdida de peso y ejercicio reduce el dolor y mejora la función en artrosis de rodilla más que cada intervención por separado.

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La información de este artículo es divulgativa y no sustituye la valoración médica individualizada. Los resultados varían según cada paciente, el grado de artrosis y la respuesta al tratamiento.

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