«Me han dicho que tengo un espolón.» Es una de las frases que más escuchamos en consulta cuando un paciente llega con dolor en el talón. La radiografía muestra una pequeña espícula ósea en el calcáneo, el informe la nombra y, a partir de ahí, parece que ya está todo dicho. El problema es que en la mayoría de los casos esa imagen no es la culpable del dolor. Lo que duele suele ser otra cosa, casi siempre la fascia plantar.
Este artículo te ayuda a distinguir las dos cosas y saber qué tratamientos tienen sentido. Si quieres profundizar en la fascitis en concreto, puedes leer nuestra guía sobre fascitis plantar.
Qué es exactamente el espolón calcáneo
El espolón calcáneo es una calcificación, una pequeña prolongación de hueso que crece en la zona inferior del talón, justo donde la fascia plantar se inserta en el calcáneo. Aparece en una radiografía como un piquito visible y muchas veces se descubre por casualidad. Durante años se asumió que esa espina ósea era la causa directa del dolor, pero hoy sabemos que es más bien una consecuencia, una respuesta adaptativa del hueso ante años de tracción repetida sobre la fascia. Está, pero no siempre molesta.
Qué es la fascitis plantar y por qué duele tanto
La fascia plantar es una banda gruesa de tejido conectivo que recorre la planta del pie desde el talón hasta los dedos. Cuando se inflama o se degenera por sobrecarga, hablamos de fascitis plantar. El cuadro típico es un dolor punzante en la zona interna del talón, especialmente con los primeros pasos por la mañana o al levantarse después de estar sentado un rato. La fascia se carga con cada paso. Andar mucho, correr, calzado inadecuado, sobrepeso, pies cavos o planos, falta de flexibilidad en el gemelo, todo suma. Cuando supera su capacidad de adaptación aparece el dolor, y ahí está el origen real de las molestias en la mayoría de pacientes etiquetados con «espolón».
El mito de «tengo espolón, por eso me duele»
Estudios de imagen en personas sin dolor de talón muestran que el espolón calcáneo aparece con frecuencia sorprendente. Una revisión publicada en Journal of Anatomy encontró que la prevalencia del espolón en población asintomática es notablemente alta y que su presencia no se correlaciona de forma consistente con el dolor (Kirkpatrick et al., 2017, PMID: 29167699).
Traducido: muchísima gente tiene espolón y no nota nada. Y al revés, muchos pacientes con dolor de talón intenso no tienen espolón ninguno. La imagen radiológica, por sí sola, no explica los síntomas. Lo que sí explica el dolor en la mayoría de los casos es el estado de la fascia, su grado de engrosamiento, la presencia de zonas degeneradas y la inflamación local. Eso no se ve bien en una radiografía. Se ve en una ecografía.
Cómo diferenciamos uno de otro en consulta
El primer paso es escuchar. Dónde duele exactamente, cuándo aparece, qué lo empeora, cuánto llevas con ello. Después exploramos: palpamos el origen de la fascia, valoramos la movilidad del tobillo, la fuerza del pie, la pisada. La pieza clave es la ecografía musculoesquelética. Con ella vemos el grosor real de la fascia, identificamos zonas de degeneración y descartamos otras causas como una bursitis, un atrapamiento del nervio de Baxter o una rotura parcial. La radiografía sigue teniendo su papel si sospechamos fractura de estrés u otra causa ósea, pero para el día a día del dolor de talón crónico la ecografía aporta mucho más.
Cómo lo tratamos en Clínica ANSAR
Trabajamos con un enfoque combinado que ataca el problema desde varios frentes. No hay una sola técnica milagrosa.
- Ecografía MSK para diagnóstico. Antes de tratar, miramos. Vemos qué fascia tenemos delante, cuánto está engrosada y dónde están las zonas más afectadas. Eso guía todo lo que viene después.
- Ondas de choque focales ecoguiadas. Aplicamos las ondas exactamente donde la ecografía nos muestra el tejido degenerado. El efecto buscado es mecanotransducción, mejorar la respuesta del tejido y modular el dolor.
- EPI sobre la fascia. La electrólisis percutánea intratisular se aplica de forma muy localizada en las zonas degeneradas, también con guía ecográfica.
- Estudio de pisada en combo con podología. Una buena parte de las recidivas viene de no corregir el factor mecánico. Soportes plantares cuando están indicados, ajustes de calzado y revisión del gesto deportivo.
- Estiramientos y ejercicios excéntricos. Trabajo específico de gemelo y sóleo, descarga de la fascia y excéntricos del Aquiles, porque la cadena posterior tiene mucho que decir en este problema.
El número y la frecuencia de sesiones dependen de cada caso y se ajustan según evolución. No prometemos plazos cerrados.
Qué dice la evidencia sobre ondas de choque vs cirugía
Durante décadas la cirugía del espolón fue una opción habitual cuando el tratamiento conservador «fallaba». Hoy ese planteamiento ha cambiado. Las terapias de ondas de choque extracorpóreas (ECSWT) son uno de los tratamientos con mejor respaldo en fascitis plantar crónica. Una revisión sistemática en Foot and Ankle Surgery concluyó que las ondas de choque son seguras y eficaces para reducir el dolor y mejorar la función en fascitis plantar resistente al tratamiento inicial (Sun et al., 2020, PMID: 33076948).
Al compararlas con la cirugía, los datos son contundentes. Una revisión publicada en La Radiologia Medica analizó tratamientos conservadores frente a quirúrgicos y concluyó que la mayoría de pacientes responden a manejo conservador bien estructurado, dejando la cirugía como recurso muy minoritario y reservado a casos muy seleccionados (Sorrentino et al., 2008, PMID: 20307445). Antes de pensar en quirófano hay un recorrido conservador con mucho margen de mejora.
El papel del ejercicio excéntrico y la cadena posterior
Otro pilar con evidencia sólida. Los ejercicios excéntricos, especialmente los enfocados al complejo gastrocnemio-sóleo y al tendón de Aquiles, han mostrado beneficio claro en tendinopatías y problemas de inserción. Un ensayo clásico publicado en American Journal of Sports Medicine mostró excelentes resultados con un protocolo excéntrico estructurado en tendinopatía aquílea crónica, con mejoras mantenidas en el tiempo (Alfredson et al., 1998, PMID: 9617396).
¿Por qué importa esto en el dolor de talón? Porque la fascia plantar y el Aquiles forman parte de una misma cadena funcional. Mejorar la tolerancia de carga del Aquiles y la flexibilidad del gemelo reduce la tracción sobre la fascia y baja la sintomatología. Por eso casi nunca tratamos solo el punto que duele, trabajamos toda la cadena. Si llevas más de tres o cuatro semanas con dolor de talón que no cede, o si te han hablado de espolón y no acabas de mejorar, tiene sentido valorarlo bien. Cuanto antes se aborda, mejor responde.
Evidencia científica
- Kirkpatrick J, Yassaie O, Mirjalili SA. The plantar calcaneal spur: a review of anatomy, histology, etiology and key associations. Journal of Anatomy. 2017. PMID: 29167699.
- Sun K, Zhou H, Jiang W. Extracorporeal shock wave therapy versus other therapeutic methods for chronic plantar fasciitis. Foot and Ankle Surgery (revisión sistemática). 2020. PMID: 33076948.
- Sorrentino F, Iovane A, Vetro A, et al. Role of high-resolution ultrasonography without and with real-time spatial compound imaging in evaluating the injured plantar fascia. La Radiologia Medica. 2008. PMID: 20307445.
- Alfredson H, Pietilä T, Jonsson P, Lorentzon R. Heavy-load eccentric calf muscle training for the treatment of chronic Achilles tendinosis. American Journal of Sports Medicine. 1998. PMID: 9617396.
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Este artículo tiene finalidad informativa y no sustituye la valoración presencial de un profesional sanitario. Cada caso requiere un diagnóstico individual y un plan de tratamiento adaptado.
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Fisioterapeuta y propietario de Clínica Ansar
« Busco mejorar la patología y eliminar el dolor de la forma mas humana posible, dando al paciente la confianza y dedicación que se merece».
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