Hombro congelado (capsulitis adhesiva): las tres fases que casi nadie te explica

Empezó como un dolor de hombro raro, que aparecía sin esfuerzo claro y que iba a más. Tras unas semanas, no solo dolía: el hombro había empezado a perder movimiento. Levantar el brazo para alcanzar un estante, abrocharse un sujetador o coger algo del asiento trasero del coche se volvió imposible.

Lo que probablemente esté ocurriendo es una capsulitis adhesiva, conocida popularmente como hombro congelado. Entender cómo evoluciona ayuda a saber qué es razonable esperar y a no caer en tratamientos contraproducentes.

Qué es la capsulitis adhesiva

La articulación del hombro está rodeada por una cápsula, una membrana fibrosa que la mantiene cohesionada. En la capsulitis adhesiva, esa cápsula se inflama, se vuelve más gruesa, pierde elasticidad y empieza a «pegarse» sobre sí misma. El resultado es un hombro que duele y que, además, se mueve cada vez menos.

A diferencia de un dolor de hombro común por una tendinitis, la capsulitis combina dolor con una pérdida progresiva de movilidad: no es que duela y por eso no se mueva. Aunque alguien intente mover el hombro de forma pasiva, no llega a los rangos normales. Está bloqueado.

La guía clínica BESS de 2025 (Rupani, Shoulder Elbow) recuerda que el diagnóstico es principalmente clínico y se basa en esta combinación de dolor más restricción de la movilidad activa y pasiva, sin necesidad de pruebas de imagen complejas en la mayoría de casos.

A quién afecta y por qué

La capsulitis aparece con más frecuencia en mujeres entre los 40 y los 60 años, a menudo sin un detonante claro. A veces surge después de un traumatismo o de una inmovilización (por ejemplo, tras una cirugía donde el brazo ha estado en cabestrillo), pero en muchos casos no hay causa identificable.

Hay factores que aumentan el riesgo: diabetes (de forma muy marcada), enfermedades tiroideas, periodos largos de inmovilización del brazo y otros cuadros sistémicos. En personas diabéticas el cuadro tiende a ser más resistente y a durar más meses.

La primera fase: dolor (y aún no se nota la rigidez)

La capsulitis evoluciona en tres fases bastante reconocibles, y la primera es la que más confusión genera.

Durante las primeras semanas a meses, el síntoma dominante es el dolor. Un dolor profundo en el hombro, que se queja con cualquier movimiento brusco, que empeora por las noches y que a veces no deja dormir del lado afectado. La movilidad todavía no está claramente reducida: el paciente puede levantar el brazo, aunque le duela bastante.

En esta fase la mayoría de los pacientes piensan que tienen una tendinitis o una sobrecarga, y muchos profesionales también lo abordan así. Los tratamientos que funcionan para una tendinitis (movilizaciones agresivas, manipulaciones, ejercicios resistidos exigentes) resultan contraproducentes en una capsulitis en fase inflamatoria y pueden empeorar mucho el dolor.

Aquí cobra sentido la combinación que mejor evidencia acumula: un meta-análisis en red de 65 ECA (Challoumas, JAMA Network Open 2020) mostró que la infiltración intraarticular con corticoide sumada a ejercicio domiciliario ofrecía los mejores resultados a corto y medio plazo frente a otras estrategias. Reconocer la capsulitis pronto permite calmar la cápsula y no echar más leña al fuego.

La segunda fase: el hombro se «congela»

Tras unos meses, el dolor empieza a ceder algo y aparece el síntoma más característico: la rigidez. El hombro pierde movilidad de forma muy clara y muy progresiva. Levantar el brazo, ponerse una camiseta, llegar al bolsillo trasero, ducharse: todos los gestos cotidianos empiezan a estar comprometidos.

Es la fase del «hombro congelado» propiamente dicho. Aunque el dolor agudo va menguando, la limitación funcional crece y suele ser la que más preocupa al paciente.

En este punto el tratamiento cambia. Lo prioritario ya no es calmar la inflamación, sino recuperar movimiento de forma muy progresiva, sin forzar la cápsula bruscamente. Las movilizaciones manuales específicas, el calor profundo y un trabajo activo de movilidad guiado por un fisioterapeuta marcan la diferencia.

¿Y por qué no hacerlo en casa por libre? Una revisión sistemática con meta-análisis (Mertens, Arch Phys Med Rehabil 2022) demostró que el ejercicio terapéutico mejora movilidad, función y dolor, y que los programas supervisados superan a los caseros precisamente en esta fase de rigidez dominante.

Cuando la rigidez es muy resistente, otra opción a valorar es la hidrodilatación: una revisión sistemática con meta-análisis (Poku, Br Med Bull 2023) describió mejoras superiores en discapacidad y rotación externa frente a la infiltración con corticoide aislado, con un perfil de seguridad razonable.

La tercera fase: descongelación

Pasados varios meses (a veces más de un año desde el inicio), el cuadro empieza a «soltarse». La movilidad regresa de forma gradual, primero parcialmente y luego de manera más completa. El dolor en esta fase suele ser ya leve o ausente.

La capsulitis tiene la fama (justa a medias) de «resolverse sola». Y en parte es así: muchos cuadros mejoran de manera espontánea con el tiempo. Pero «solo» puede significar dos años con limitaciones importantes en el día a día, y un porcentaje de pacientes no recupera del todo la movilidad sin tratamiento.

El papel de la fisioterapia es acelerar la recuperación, ampliar el techo de movilidad final y evitar compensaciones en cuello, columna dorsal u otro hombro, que se han adaptado al hombro bloqueado.

Lo que no funciona

Hay varios escenarios que conviene evitar en una capsulitis.

Las manipulaciones agresivas o estiramientos forzados sobre la cápsula inflamada (sobre todo en fase 1) suelen empeorar el cuadro.

El reposo total durante meses, «esperando que se cure sola», facilita que la limitación se cronifique y deja secuelas.

Los antiinflamatorios prolongados sin un plan paralelo de fisioterapia tienen efecto limitado a medio plazo.

Y, sobre todo, subestimar el cuadro. Tratar una capsulitis como una tendinitis cualquiera y darle el alta sin haberla identificado es uno de los errores que más prolongan la historia clínica del paciente.

Cuándo conviene consultar

Si llevas semanas con dolor de hombro que no se explica por un esfuerzo claro, si empiezas a notar que pierdes movilidad (no solo te duele al moverlo), si el dolor te despierta por la noche o si tienes diabetes y te ha aparecido un cuadro de hombro, es momento de valorar.

Reconocer la capsulitis en fase temprana mejora el pronóstico en muchos casos y reduce el tiempo total que vas a convivir con el cuadro.

El siguiente paso

Una valoración bien hecha permite distinguir la capsulitis de otros cuadros de hombro y orientar el tratamiento según la fase en la que estés. Puedes pedir cita aquí, por WhatsApp al 608 99 00 32 o llamando al 956 90 91 50. Estamos en Jerez de la Frontera y atendemos a pacientes de toda la provincia de Cádiz.

Evidencia científica

  • Challoumas D et al. (2020). Comparison of treatments for frozen shoulder. JAMA Netw Open. Meta-análisis en red de 65 ECA: la infiltración intra-articular con corticoide combinada con ejercicio domiciliario ofrece los mejores resultados a corto y medio plazo. PubMed
  • Mertens MG et al. (2022). Exercise therapy is effective for frozen shoulder. Arch Phys Med Rehabil. Revisión sistemática y meta-análisis: el ejercicio terapéutico mejora movilidad, función y dolor; los programas supervisados superan a los caseros. PubMed
  • Poku D et al. (2023). Eficacia de la hidrodilatación en hombro congelado. Br Med Bull. Revisión sistemática con meta-análisis: la hidrodilatación logra mejoras transitorias mayores en discapacidad y rotación externa frente a corticoide solo. PubMed
  • Rupani N et al. (2025). BESS patient care pathway: Frozen shoulder. Shoulder Elbow. Guía clínica actualizada de la British Elbow and Shoulder Society: define fases, diagnóstico clínico, tratamiento conservador escalonado y criterios de derivación quirúrgica. PubMed

Cómo lo tratamos en Clínica Ansar

El hombro congelado lo abordamos en Ansar según la fase en la que llegues. La clave es ajustar la herramienta al momento — meter movilización agresiva en fase de congelación dolorosa empeora, y limitarse a calmar en fase de rigidez retrasa la recuperación. Nuestro protocolo:

  • Fase 1 (dolorosa, 2-9 meses): el objetivo es analgesia, no recuperar grados. Usamos Magnetoterapia Magnetolith, INDIBA tecarterapia profunda y movilización suave dentro del dolor. Si el dolor nocturno es invalidante, derivamos para infiltración intraarticular ecoguiada con corticoide.
  • Fase 2 (congelada, 4-12 meses): intensificamos movilización articular pasiva, movilización con movimiento (Mulligan), estiramientos sostenidos y educación al paciente para auto-movilización diaria en casa. Ondas de choque sobre cápsula si hay calcificación asociada.
  • Fase 3 (descongelación): trabajo activo, fuerza progresiva del manguito rotador y reintegración funcional al uso cotidiano y deportivo si lo había.

En todo el proceso usamos ecografía musculoesquelética en consulta para descartar otra patología (manguito, biceps, calcificación) que se solape, frecuente y a menudo no diagnosticada en hombros que llegan con un único diagnóstico de capsulitis. Tiempo medio total: 6-18 meses, según la fase en la que llegas.

Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye el diagnóstico ni el criterio de un profesional sanitario.

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